viernes, 19 de marzo de 2010

Un bar para las mujeres

La verdad es que todavía no puedo disfrutar del bar español yo sola, pero tengo un ideal. Me gustaría ir al bar cuando me apeteciera, tapear como quisiera acompañando con una buena cerveza y disfrutar de un poco de conversación con los camareros. Sin embargo, la realidad no es así. Tengo un montón de nervios antes de entrar en un bar por varias razones que ya os comenté anteriormente. Para colmo, todavía no he visto ningún bar donde una mujer tome una cerveza tapeando algo como lo hacen los hombres. Debe de haber tal bar, pero ¿dondé?

Desde mi punto de vista, las mujeres siempre están en grupo, o por lo menos alguien las acompaña. Parece que estén disfrutando de la cháchara más que de la cerveza. Pero lo que yo quiero es disfrutar del tiempo sólo con mi querida cerveza, no quiero ningún acompañante charlatán. ¿No está bien visto que una mujer esté sola tomándose una cerveza en un bar?

En Japón, había algunos sitios donde me sentía incómoda al entrar a solas. Por ejemplo, en comedores de "GYUDON" y "YAKINIKU". Aunque no me gusta cocinar, no puedo entrar sola en estos dos tipos de comedores. Son comedores que nos ofrecen platos de carne como su especialidad principal. Claro que no está prohibido que una mujer se adentre sola en estos dos sitios, pero percibo en el aire una sensación de dificultad para entrar sola. Por supuesto que ese es mi caso.

A pesar de todo ello, últimamente llego a poder entrar sola en un bar para tomarme un café. Pero no me atrevo a ir de tapeo yo sola. ¿Soy demasiado tímida o es que pienso demasiado?



El almuerzo de hoy 19 de marzo de 2010, el día de San José y de todos los padres:
"SOBORODON": carne picada de pollo salteada con huevos revueltos y "DEMBU" encima del arroz en blanco.
Sopa de MISO con alga marina "WAKAME", zanahoria y puerro.
Ensalada de lechuga y tomate con patatas en salsa alioli.
Elaborado entre fogones por Macarena.

jueves, 18 de marzo de 2010

Tengo buen saque

Me alegra mucho que haya gente que le eche un vistazo a las fotos de mi comida. Es que cocino todos los días porque soy una buena ama de casa. Pero parece que la cantidad que yo me preparo debe ser mucho para una japonesa. ¿He comido demasiado? ¡¡¡No me había dado cuenta!!!

He repasado mis fotos. Y ahora me he dado cuenta. ¡Sí, me comí casi todas las comidas yo sola! Bueno, algunas comidas, por ejemplo, como el montón de "ONIGUIRI" o de "INARISUSHI", etcétera, no me lo comí todo de una vez. Además, por ejemplo, el "MAKISUSHI" es algo muy sencillo y trabajoso, por supuesto que no lo hice sólo para mí, es que ya sabéis, no me gusta cocinar. Para mí es suficiente con un "cuencón" de arroz en blanco.

Cuando cocino, tengo algunas reglas que decidí arbitrariamente. En primer lugar, intento tomar, por lo menos, más de cinco tipos de verduras al día. En segundo lugar, intento tardar en cocinar lo menos posible, el tiempo máximo que me he fijado es una hora. En tercer lugar, mientras cocino, aprovecho este tiempo para hacer otra cosa a la vez. Ahora mismo, cocino escuchando la radio en español. Desgraciadamente, todavía no puedo entender la radio sin prestarle atención. Así que durante el tiempo de cocina, obligatoriamente me concentro en la radio para mejorar mi comprensión auditiva. En cuarto lugar, cocino una gran cantidad de comida sólo de una vez. Es que me gusta utilizar el menor tiempo posible para cocinar. Así que si me sobra algo del almuerzo, no me molesta comerlo a la hora de la cena. O dependiendo de la comida, la congelo y la reservo para otra ocasión. Sin embargo, es difícil llevar la cuarta regla a la práctica. Es que, es que... Entre nosotros, soy una comilona. Cuanto más comida cocino, más comida como. ¡¡¡Qué espantoso!!!

En Japón, durante la escuela primaria, en la misma aula comíamos la misma comida todos los compañeros de clase junto con nuestro maestro. Y nos educaban con mucha disciplina, por ejemplo, no podíamos rechazar la comida que no nos gustara. A veces, hasta que no nos comíamos toda la comida, no podíamos quitar el plato del pupitre, aunque empezara la siguiente clase para el resto de los compañeros. No sé ahora cómo será, pero en mi época era así. Por esta influencia, no me gusta dejar ninguna sobra. Por consiguiente, me he convertido en una comilona. Y mi cuerpo se va hinchando...

Últimamente, he empezado a ir al gimnasio por primera vez en mi vida. Un entrenador me preguntó: "¿Cuál es tu objetivo para venir aquí?" Yo contesté: "Quiero sudar. Es que me gusta sudar." Yo le contesté sinceramente, pero él me dijo: " Y también te quieres quitar la barriga. ¿Verdad?" ¿Um? Yo no dije nada. ¿Por qué me dijo eso? ¿Cuándo ha visto él mi barriga? ¡¡¡He ocultado perfectamente mi barriga con la camiseta y los pantalones!!!

Tal vez, tenga que considerar no sólo el tipo de verduras que como, sino también la cantidad adecuada para mi edad. ¡¡¡Ya no soy alumna de primaria!!!




El almuerzo de hoy 18 de marzo de 2010:
Aperitivo de pepino con MISO y tomate con un toque de sésamo.
Sardinillas en salsa de tomate con aceite de oliva, directamente de la lata.
Cocido dulce con carne de cerdo, nabo, patata, zanahoria y judias verdes.
Arroz en blanco con UMEBOSHI.
Elaborado entre fogones por Macarena.

miércoles, 17 de marzo de 2010

¡¡¡Vaya con el subjuntivo!!!

Por lo menos yo, cuando empecé a estudiar español, me tropecé con el subjuntivo. ¿Qué demonios es el tal subjuntivo ese? No entiendo el propósito de la traducción japonesa de esa palabra: "SETSUZOKUHOU". Pero bueno, no hay otro remedio, tengo que estudiarlo hasta que lo domine. Igual que tengo que cocinar, aunque no me guste cocinar; tengo que estudiar el subjuntivo, aunque no me guste y no lo asimile bien.

Probablemente, cuando los españoles utilizáis el modo subjuntivo, no os daréis ni cuenta de que lo estáis usando. Seguro que no pensáis "Tengo que utilizar el subjuntivo", es que en este caso los sujetos son diferentes. Así que "Quiero que tú vuelvas pronto", es una expresión de deseo, por lo que tengo que utilizar el subjuntivo como cuando digo "que haga buen tiempo mañana".

Sin embargo, no puedo evitar tener de nuevo otro pensamiento sin sentido: "Si yo hubiera sido española..." Soy una escapista. El subjuntivo no sale de mi boca naturalmente como lo usan los nativos, tengo que pensar el uso gramatical. Y para colmo, me equivoco aún así. ¡Por favor!

Sé que estoy diciendo chiquilladas, sin embargo, cuando presencio a los niños españoles dominando el modo subjuntivo de forma natural, no puedo parar de envidiarles. También soy bastante envidiosa.

Sí, mi envidia llegó a su punto máximo cuando encontré al niño de siete u ocho años que, hace dos días, me lanzó por la calle una frase perfectamente construida gramaticalmente: "¡¡¡Hala, chinita, que te vayas a tu país!!!" ¡Qué perfecta era esa frase! No me lo podía creer, que ese niño dominara ya con tal facilidad el subjuntivo con el que yo tengo que esforzarme tanto todavía.

Esa frase es una oración de imperativo. Además, como utiliza "que" en el comienzo de la frase, luego hay que seguir conjugando el verbo en subjuntivo. Y puede expresar el orden indirecto, o con sentido de énfasis. Gramaticalmente esa frase tiene un nivel muy alto.

¡Por Dios! Tal vez ese niño lo aprendiera tan sólo escuchando la conversación de otras personas que fueran cercanas a él, sin el esfuerzo de manejar los áridos libros de gramática como ahora me toca hacer a mí. ¡Qué envidiable! Habría querido aprender el subjuntivo como aquel niño imagino que lo aprendió con toda naturalidad.



El almuerzo de hoy 17 de marzo de 2010:
Aperitivo de tomate y melva.
Verduras salteadas de repollo, maíz, cebolla, pimiento y zanahoria.
Tortilla a la japonesa.
Arroz en blanco.
Elaborado entre fogones por Macarena.

martes, 16 de marzo de 2010

¿Por qué mi madre no era española!?

En Japón, estudiamos inglés como primera lengua extranjera. Me gustó mucho aprender inglés, por eso, mira, puedo decir perfectamente: "I don't like cooking", porque es que no me gusta cocinar. Pero cuando empecé a aprenderlo, pensé: "Si mi padre hubiera sido estadounidense...". Dicho sea de paso, el inglés que aprendemos es inglés de Estados Unidos, así que no deseé que mi padre hubiera sido británico.

Hace cuatro años empecé a aprender español. Lo empecé cuando ya era mayor de edad. No es sólo por eso, pero sentía que el español era súper complicado para mí. Por ejemplo, cada sustantivo tiene la distinción del género masculino y femenino. En compañía de eso, tengo que poner una forma adecuada para los artículos y los adjetivos. No hay tal diferencia en el inglés, así que se complica aún más.

Inmediatamente después de empezar a aprender español, por supuesto que no podía utilizarlos correctamente. Por ejemplo, naturalmente decía: "Ella es japonés." O bien, no teniéndolo en cuenta, decía: "Allí está un japonesa." Es que, desgraciadamente, no podía dedicar mi atención a esos detallados pormenores. Además, ahora todavía tengo bastantes problemas. ¡Por favor!

¿Y qué fue lo siguiente que pensé yo? Sí, claro que sí. ¡Ojalá mi madre hubiera sido española! Digan lo que digan, creo que aprender un idioma como tu lengua materna es la manera más simple. No es necesario un gran esfuerzo y tampoco lágrimas de despecho.

Tengo una memoria nítida. Un día, cuando acababa de empezar a vivir en España, o sea, cuando me estaba costando mucho trabajo dicha gramática, recuerdo que estaba andando por la calle. Desde delante, un niño de tres o cuatro años andaba hacia mí cogido de la mano de su madre. Cuando justo se cruzó conmigo, él dijo: "Mamá, mira, ¡una china!"

Me sorprendí muchísimo. ¿Podríais entenderme? Me maravilló un montón ese niño. Ese niño, aunque todavía tenía tres o cuatro años, ya dominaba la gramática que me había costado tanto trabajo aprender. Cuando él me vio, ya sabía que yo era una chica, así que no dijo "chino" sino "china", además, antes de la palabra "china", no añadió incorrectamente el artículo indeterminado "un " sino que usó "una" para referirse a mí. ¡Caramba! Estaba junto a su madre, probablemente, debía recibir muy buena educación de esa madre. ¡Ojalá mi madre hubiera sido española!

En otras ocasiones no estaba tan emocionada como en aquel momento, por ejemplo, cuando un señor mayor que tenía su pelo blanco y que debería ser un jubilado me lanzó una palabra: "¡Chinita!" O cuando un señor de mediana edad que iba con su perro caminando por la calle me soltó una palabra: "¡China!" O bien, cuando unos adolescentes me gritaron en actitud amenazadora diciendo: "¡¡Halaaaa, Chiniiiitaaaa!!" Por supuesto que ellos eran españoles, así que no cometieron errores gramaticales. Ellos lo dijeron naturalmente, sin costarles ningún trabajo. Así que no me llamó mucho la atención, sin embargo, el niño de tres años me despertó la curiosidad de una forma sorprendente y le envidié mucho. ¡¡¡Oh, Dios!!! ¿¿¿Por qué mi madre no sería española???



El almuerzo de hoy 16 de marzo de 2010:
Aperitivo de tomate con un toque de perejil, pimienta negra, ajo, sal y aceite de oliva.
Calabacín al vinagre balsámico con un toque de perejil.
Sopa de pollo, repollo, apio, zanahoria y pasta espiral.
Manzana natural.
Elaborado entre fogones por Macarena.

lunes, 15 de marzo de 2010

Una molestia anual

Tengo alergia a la primavera. Cuando la alergia empezaba a estar de moda en Japón, yo también seguía esa moda tan ingrata. Desde entonces, cada año sin excepción, cuando entramos en la primavera, sin falta presento un cuadro de alergia.

En Japón, tenía alergia al polen del cedro japonés, pero en España también tengo alergia. No sé con qué polen reacciona mi cuerpo. El año pasado, e incluso antes del año pasado, cuando llegaba exactamente el día 31 de enero, empezaba a sufrir los síntomas de mi alergia. Y exactamente después de transcurrir dos meses de calendario, desaparecía la sintomatología como por arte de magia. ¡Qué puntualidad! Sin embargo, este año, como ha llovido tanto, aún no había despertado mi alergia en enero. Así que me encontraba muy cómoda.

Pero por fin, ayer mismo empezó a manifestarse la alergia. Como siempre, tengo que soportar el picor en los ojos y una interminable mucosidad líquida. Parezco un grifo estropeado que no es capaz de cerrarse del todo. Goteo y goteo y no dejo de gotear. Como no funciona bien mi nariz, mi garganta recibe una mala influencia, así que en esta época estoy totalmente en baja forma.

Además, se me quitan las ganas de hacer cualquier cosa. Por descontado que las ganas de cocinar están reducidas a la mínima expresión. Hace tiempo que intenté probar varios ingredientes que se decía que daban buen resultado para combatir la alergia primaveral, por ejemplo, algún tipo de té, alguna infusión, alguna verdura, alguna fruta, etc. Sin embargo, ya sé que no hay una solución decisiva, ningún remedio casero surte los efectos deseados por sí solo.

Reconozco que no me gusta cocinar, pero es que tampoco me gusta tomar medicamentos. Así que sólo me queda resignarme y esperar el paso de esta estación. Pobrecita de mí. Pero imagino que en España también habrá mucha gente como yo, que sea ama de casa y que no le guste cocinar, pero que tenga que cocinar diariamente aunque sufra las típicas molestias de una alergia de libro. ¡Animémonos! Es que la alergia terminará sin falta y tiene sus días contados.



La cena de hoy 15 de marzo de 2010:
Espaguetis con pimiento verde y ajo.
Tortilla española.
Ensalada de lechuga, aguacate, pasas y tomate.
Elaborado entre fogones por Macarena.

domingo, 14 de marzo de 2010

Churros con chocolate, mi White Day a la española

Hoy he desayunado chocolate con churros. Como hacía mucho tiempo que no lo tomaba, lo he comido muy a gusto. Sin embargo, en cuanto vine a España, yo no podía comer chocolate con churros por las siguientes razones:

En primer lugar, los churros estaban muy aceitosos, y me mataba el olor del aceite. En segundo lugar, como no soy amante del chocolate, me mataba el olor del chocolate denso. En tercer lugar, cuando vi el aceite sobrenadando en el chocolate después de meter los churros dentro, me parecía repugnante.

Puedo desayunar con cualquier comida, pero mi estómago no admitía tal fritada. Sin embargo, hace dos años, de repente, la verdad es que de repente, me apetecía mucho tomar chocolate con churros y lo intenté en un bar que tenía buena fama de chocolate con churros.

Como siempre en el bar, al principio no tenía ni idea de cómo se pedía. ¿Tendría que decir el número, como cinco churros o diez churros? ¿Pero cuántos churros serían adecuados para una persona? Soy aprensiva y no cambio con el paso del tiempo. Afortunadamente, cuando dije: "Chocolate y churros...", el camarero me preguntó: "¿Para ti?" Así que le contesté: "Sí, sí." Menos mal que no dije: "Un chocolate y diez churros." Es que churros para una persona son más o menos cinco o seis piezas. Además, sería posible que el camarero pensara que quería comer churros para diez personas.

De todos modos, disfruté mucho el chocolate con churros, tanto que parecía mentira mi primera impresión de los churros. Ahora, de vez en cuando, me apetecen.

Sin embargo, hoy me ha costado mucho trabajo encontrar un bar abierto donde pudiera desayunar chocolate con churros en el mismo centro de la ciudad. No imaginaba que fuera tan complicado buscarlo el domingo por la mañana. Pensaba que algunos bares no estarían abiertos, pero es que todos los bares con buena fama donde pensaba ir a desayunar estaban cerrados, los cuatro. Pensaba que ya me había aclimatado a bastantes cosas de esta tierra, pero cuando me encuentro con tal incomodidad, y además, cuando tengo hambre, siento frustración por "no sé qué".

A pesar de todo, el gusto es cambiable en la dirección más inesperada, pero tercamente puedo decir que nunca jamás cambiaré a una persona a la que le guste cocinar.


El desayuno de hoy 14 de marzo de 2010:
Chocolate con churros en un bar.
Disfrutado por Macarena.

sábado, 13 de marzo de 2010

El cajón desastre

Desde ayer, he dado por terminada mi abstinencia cervecera. Ya ha terminado mi sacrificio de cuaresma y por fin acabé tomando cerveza. Y sin embargo hoy, que es el primer fin de semana, me siento muy agotada. No puedo disfrutar nada, aunque esté con mi querida cerveza.

Pero ya me doy cuenta del motivo por el que estoy tan cansada. Es que ahora mi casa está súper desordenada y encima súper sucia. ¡Vaya tela! Se dice que en la habitación se refleja el estado mental de la persona que la usa, así que ahora mi estado mental se mezcla confusamente. Tan sólo hay una posible solución. Sí, hay que ordenar y limpiar, es el único remedio.

No es que me disguste ordenar las cosas, porque a mí me gusta ordenar mis cosas, sino que no soporto el desorden. Por eso me encantan los artículos de ordenación, sobre todo los cajones. Supongo que siento una veneración excesiva por el orden en mis cajones.

Recuerdo con mucha claridad que, cuando era muy niña, mi madre me asignó dos cajones del pequeño armario para que guardara mis juguetes. Todos los días abría mis cajones, sacaba todo el contenido y otra vez lo volvía a guardar dentro. Lo repetía sin cansarme. Creo que me interesaban más los cajones que los propios juguetes.

Así que he contado cada cajón que había en mi casa. Tengo setentinueve cajones. No sé si eso es mucho o poco, pero sin saber el porqué, me siento muy contenta. Pensaba que no he cambiado nada desde niña porque soy una maniática de los cajones. ¿Pero entonces qué desastre es éste? ¿Por qué está así mi casa ahora? Probablemente me hacen falta veintiún cajones más para llegar al orden redondo.

¿Qué sería en mi existencia anterior? Lo tengo claro. Una persona a la que no le gustaba cocinar, que estaba loca por los cajones y que era una intachable amante de la cerveza.




El almuerzo de hoy 13 de marzo de 2010:
Espaguetis a salsa de tomate, brócoli, salchicha, ajo y cebolla.
Ensalada de lechuga, pepino, maíz y tomate.
Mandarinas al natural.
Elaborado entre fogones por Macarena.