En Japón, estudiamos inglés como primera lengua extranjera. Me gustó mucho aprender inglés, por eso, mira, puedo decir perfectamente: "
I don't like cooking", porque es que no me gusta cocinar. Pero cuando empecé a aprenderlo, pensé: "Si mi padre hubiera sido estadounidense...". Dicho sea de paso, el inglés que aprendemos es inglés de Estados Unidos, así que no deseé que mi padre hubiera sido británico.
Hace cuatro años empecé a aprender español. Lo empecé cuando ya era mayor de edad. No es sólo por eso, pero sentía que el español era súper complicado para mí. Por ejemplo, cada sustantivo tiene la distinción del género masculino y femenino. En compañía de eso, tengo que poner una forma adecuada para los artículos y los adjetivos. No hay tal diferencia en el inglés, así que se complica aún más.
Inmediatamente después de empezar a aprender español, por supuesto que no podía utilizarlos correctamente. Por ejemplo, naturalmente decía: "Ella es japonés." O bien, no teniéndolo en cuenta, decía: "Allí está un japonesa." Es que, desgraciadamente, no podía dedicar mi atención a esos detallados pormenores. Además, ahora todavía tengo bastantes problemas. ¡Por favor!
¿Y qué fue lo siguiente que pensé yo? Sí, claro que sí. ¡Ojalá mi madre hubiera sido española! Digan lo que digan, creo que aprender un idioma como tu lengua materna es la manera más simple. No es necesario un gran esfuerzo y tampoco lágrimas de despecho.
Tengo una memoria nítida. Un día, cuando acababa de empezar a vivir en España, o sea, cuando me estaba costando mucho trabajo dicha gramática, recuerdo que estaba andando por la calle. Desde delante, un niño de tres o cuatro años andaba hacia mí cogido de la mano de su madre. Cuando justo se cruzó conmigo, él dijo: "Mamá, mira, ¡una china!"
Me sorprendí muchísimo. ¿Podríais entenderme? Me maravilló un montón ese niño. Ese niño, aunque todavía tenía tres o cuatro años, ya dominaba la gramática que me había costado tanto trabajo aprender. Cuando él me vio, ya sabía que yo era una chica, así que no dijo "chino" sino "china", además, antes de la palabra "china", no añadió incorrectamente el artículo indeterminado "un " sino que usó "una" para referirse a mí. ¡Caramba! Estaba junto a su madre, probablemente, debía recibir muy buena educación de esa madre. ¡Ojalá mi madre hubiera sido española!
En otras ocasiones no estaba tan emocionada como en aquel momento, por ejemplo, cuando un señor mayor que tenía su pelo blanco y que debería ser un jubilado me lanzó una palabra: "¡Chinita!" O cuando un señor de mediana edad que iba con su perro caminando por la calle me soltó una palabra: "¡China!" O bien, cuando unos adolescentes me gritaron en actitud amenazadora diciendo: "¡¡Halaaaa, Chiniiiitaaaa!!" Por supuesto que ellos eran españoles, así que no cometieron errores gramaticales. Ellos lo dijeron naturalmente, sin costarles ningún trabajo. Así que no me llamó mucho la atención, sin embargo, el niño de tres años me despertó la curiosidad de una forma sorprendente y le envidié mucho. ¡¡¡Oh, Dios!!! ¿¿¿Por qué mi madre no sería española???




El almuerzo de hoy 16 de marzo de 2010:
Aperitivo de tomate con un toque de perejil, pimienta negra, ajo, sal y aceite de oliva.
Calabacín al vinagre balsámico con un toque de perejil.
Sopa de pollo, repollo, apio, zanahoria y pasta espiral.
Manzana natural.
Elaborado entre fogones por Macarena.