martes, 18 de mayo de 2010

¿Os gustan los huevos?

Empecé a escribir aquí para hablar principalmente sobre la gastronomía. Así que estoy segura de que la mayoría de los seguidores de este blog espera leer un texto relacionado con la comida, sin embargo, últimamente me he alejado del asunto culinario. Lo siento mucho si os he desilusionado. Espero que toleréis mi alergia a la cocina, es que esencialmente, no me gusta cocinar.

Así que para variar, hoy me gustaría hablar sobre un alimento muy familiar, el huevo. Como ya sabéis, según la definición de mi diccionario, "el huevo es un alimento de cuerpo redondeado, y de tamaño y dureza variable, lo producen las hembras de las aves o de otras especies animales, y contiene el germen del embrión y las sustancias destinadas a su nutrición durante la incubación". Sea como sea, lo como mucho porque me gusta.

Cuando he leído en mi diccionario electrónico el significado de la palabra "huevo", me he dado cuenta de que hay varias expresiones y modismos que utilizan la palabra "huevo". Me parece que a los españoles, más bien, a los hispanohablantes les gustan mucho los "huevos". Ahora que lo pienso bien, sé que los españoles utilizan con bastante frecuencia diferentes expresiones con la palabra "huevo".

Además, he recordado que hace poco recibí otra frase por la calle. Estaba pasando por una vía pública por la que creo que puede pasar todo el mundo. Y había una joven pareja veinteañera que andaba en dirección perpendicular a la mía. Yo pasé por delante de ellos porque mi velocidad era más rápida que la suya. En ese preciso momento de adelantarles lo escuché claramente desde mi costado izquierdo: "¡La china!" Dijo la hembra de la pareja. "¡Vaya con la china de las huevos!" Dijo el macho de la pareja.

No conocía esa expresión, pero interpretando el tono de su voz imaginaba que me había lanzado algo negativo. Sin embargo, el "huevo" es uno de mis alimentos favoritos, además, en japonés, el huevo se utiliza para construir la expresión positiva "tener el cutis como el huevo cocido". Es decir, la parte clara del huevo cocido es muy suave, así que cuando admiras la piel de alguien, sobre todo, el cutis de la cara, se utiliza dicha expresión para hacer un elogio.

En conclusión, que me imaginé que la pareja debía admirar mucho mi cutis porque recordé el carácter tan pasional que tienen los españoles, y la costumbre española de hablar todo el tiempo a voces, algo que a los japoneses nos hace pensar que están enfadados con nosotros. Me temo que a veces soy demasiado simple, más bien, tonta. Después de volver a mi casa, busqué el significado de aquel sintagma preposicional. Después de un rato de consulta di con el significado de la expresión "de los huevos" y me quedé pasmada. Esa expresión no tiene ningún sentido positivo, más bien, lo tiene súper negativo. ¡¡¡Vaya dos petardos!!! Creedme, es mejor no saberlo.


El almuerzo de hoy 18 de mayo de 2010:
Pizza al gusto elaborada con lo que me quedaba en casa.
Gelatina de limón.
Preparado en el horno por Macarena.

lunes, 17 de mayo de 2010

Voy cambiando

Uno de las dificultades para acostumbrarme a España es cómo reacciono ante lo que dicen algunos españoles cuando empiezan a enorgullecerse de su país sacando pecho.

Según las experiencias vividas hasta el día de hoy, mi impresión personal es que aquí se insiste en la argumentación buscando que yo afirme que estoy de acuerdo.

Hace poco también me pasó lo mismo con un español que conocí a través de unos amigos comunes. Como nos veíamos por primera vez, empezamos por saludarnos y luego conversamos sobre algo general.

Me preguntó lo típico, que cuánto tiempo llevaba aquí y que de qué parte de Japón soy. Normalmente, a los españoles les explico que nací cerca de Tokio, pero que no soy exactamente de allí, aunque en Tokio viví más de una década. Es que esa es la mejor manera para que los españoles se hagan una idea más clara.

Casi el cien por cien me ha dicho así lo siguiente: "Hay muchísima gente en Tokio. ¿No?" Entonces yo les he dicho que sí. Así es. Totalmente cierto. Pero es muy interesante porque, cuando lo dicen, casi todos insinúan el aspecto negativo, o sea, parece que ellos sacan la conclusión de que si en una ciudad hay mucha gente es muy negativo. Y ese recién conocido también me lo quiso dar a entender así.

Tokio me gusta mucho. Aunque ahora vivo en España y también tiene sus encantos, la verdad es que Tokio me gusta más que ninguna otra ciudad de las que conozco. Hay muchas razones por las que me gusta Tokio, pero una de ellas es porque hay muchísima gente. No me molesta nada que haya mucha gente, más bien, me gusta por eso, porque la ciudad está llena de vida. Así que yo siempre afirmo que hay muchísima gente en Tokio y que es una de las razones por las que me gusta tanto. Parece que mi respuesta nunca ha sido lo que muchos esperaban escuchar.

Entonces mi nuevo conocido empezó a explicarme lo magnífica que era la ciudad donde vivo ahora, sobre todo, haciendo especial hincapié en que no hay tanta gente como en Tokio. Así que según él, la vida es más tranquila y serena, por eso vivir en este tipo de ciudad es mucho mejor que vivir donde hay tanta bulla.

Yo le comprendo, y por respeto asentí con la cabeza, sin embargo, tengo una opinión diferente, así que empecé a explicarle mi opinión. Me atrae mucho una ciudad grande, más bien, gigante. Cuánto más gigante sea, tanto mejor. Me gusta la bulla, me gustan los rascacielos, una buena red de transporte público eficiente y diversificado y, además, que pueda elegir entre una amplia oferta de esparcimiento. La verdad es que la ciudad donde vivo es muy pequeña para mí y me aburre bastante si la comparo con Tokio. Aunque, por supuesto que goza de otros atractivos que no hay en Tokio, por eso estoy aquí.

Esa es mi opinión, pero parecía que él no compartía mi visión, o no coincidía conmigo en lo que es importante porque, a continuación, empezó a enorgullecerse de su ciudad, y con todos los argumentos del mundo intentó convencerme de que una ciudad pequeña era mejor que una grande. Era muy fácil ponerme de acuerdo con su opinión. Y quizás, hubiera sido mejor confirmar su opinión con un gesto de cortesía. Sin embargo, llevo casi cuatro años viviendo aquí y he aprendido que en este país, tengo que decir mi opinión claramente y aunque sea distinta. ¡Qué fuerte he llegado a ser yo!

Así que empezábamos una pequeña batalla dialéctica.

Él: "Esta ciudad es mucho mejor que Tokio. ¿Verdad?"
Yo: "Bueno, a mí me gustan más las ciudades muy grandes, así que esta ciudad me resulta demasiado pequeña para mí."
Él: "Pero aquí hay menos gente, así que estarás más cómoda. ¿Verdad?"
Yo: "La verdad es que no, más bien, me siento un poco triste. Echo de menos la bulla de Tokio."
Él: "Pero aquí hay mucha calma y tranquilidad. Para vivir, es mejor. ¿Verdad?"
Yo: "Para mí, es una ciudad un poco aburrida."
Él: "Pero, aquí..."

España me va convirtiendo en una contestona profesional.


El almuerzo de hoy 17 de mayo de 2010:
Arroz en blanco con UMEBOSHI.
Patatas cocidas con carne de cerdo, zanahorias, judías verdes y cebolla.
Revuelto de apio, atún, ajo, huevos, tomate al natural y sésamo.
Elaborado entre fogones por Macarena.

domingo, 16 de mayo de 2010

Una tarea importante

Hoy es un día que estaba esperando desde hace mucho tiempo. Sí, es el día de la final del torneo Madrid Open de tenis. Además, mi Rafa juega contra Federer. ¡¡¡Qué bien!!!

Como soy una admiradora de Rafa Nadal, hoy tengo que animarle aunque me quede ronca delante de la televisión. Es que mis ánimos le van a servir de ayuda a Rafa. ¡Ánimo, Rafa! ¡¡¡Estoy contigo!!!

Así que como voy a estar muy ocupada por la tarde, entonces he escrito sin tardar este breve texto para mi blog y voy a concentrarme en el partido de mi Rafa.

¡¡¡Así que hasta mañana!!!



El almuerzo de hoy 16 de mayo de 2010:
Berenjena al horno con salsa de tomate casera y queso con un toque de orégano.
Calabacín y cebolla a la sartén con salsa de tomate casera y queso con un toque de orégano.
Ensaladilla de macarrones, judías verdes, jamón cocido, zanahoria, huevos y brécol con un toque de perejil.
Picos y regañás.
Elaborado entre fogones por Macarena.

sábado, 15 de mayo de 2010

Una manera para animarme

Aunque cada uno tiene diferente opinión, en la mayoría de los casos, yo estoy descontenta con la actitud de los dependientes en España. Para mí está claro que la manera de atender al cliente en España es muy diferente del esmerado trato que se ofrece al cliente en Japón, además, estoy acostumbrada al de Japón y me siento satisfecha con la manera de mi país.

En las tiendas, sobre todo, lo que más me irrita es que me hacen esperar mucho tiempo hasta que me atienden. Encima, parece que no se sienten nada responsables o incluso que no sienten nada ante esta falta de consideración hacia sus clientes. En el caso de Japón, normalmente, los clientes son muy importantes para los dependientes, más bien, su actitud es de agradecimiento. Así que si los dependientes nos hacen esperar, ellos siempre nos piden perdón con una actitud modesta. Aunque me pidan perdón, no cambia el hecho de que tengo que esperar, pero me siento aliviada y respetada.

Sin embargo, desde mi experiencia personal en España, no puedo ocultar que he vivido demasiadas ocasiones en las que tengo que esperar mucho tiempo, pero sólo en contadas ocasiones me pidieron perdón por haberme hecho esperar. Entonces, tras cada espera me irrité más y más con este comportamiento porque lo encuentro un gesto muy desconsiderado.

Bueno, después de vivir durante casi cuatro años en tal ambiente, ya no estoy enfadada con esta situación. Más bien, es que no espero nada, así que no siento nada. Creo que ya estoy vacunada. Por supuesto que si no necesito esperar, tanto mejor. Además, si me piden perdón con respeto lo celebro como cliente y me resulta muy agradable como persona.

Al principio, le confesaba mi irritación a mis amigos españoles. Pero ellos me decían que esa era una práctica habitual generalizaba y que a ellos también les molestaba. Entiendo que quizás me lo dijeran para que no pensara que recibía un trato peor por ser extranjera. Aun así, no sentía ninguna mejoría, es que me sentía como si yo fuera una quejica. Le pasaba a todo el mundo, pero sólo me quejaba yo. Terminaría haciéndoles pensar que entonces sería mejor que yo me volviera a mi país. Vine aquí por una decisión propia, así que quejarse mucho no obra conforme a la razón.

Sin embargo, casualmente, he encontrado una manera para animarme. Cuando conseguí encontrar el modelo de electrodoméstico que estaba buscando, le pedí ayuda a una de mis amistades españolas para que me acompañara. Fuimos a los famosos grandes almacenes de la marca más prestigiosa en España. Fuimos al departamento donde se vendía lo que quería comprar. Había muy pocos dependientes y muchos clientes. Estaba claro que tendría que esperar mucho tiempo hasta que me tocara el turno. Había una cola tan larga delante de la caja registradora que giraba por el pasillo. Ese día, tuve que esperar en total más de una hora de reloj hasta que me "tocó" el turno delante de la caja registradora.

Cuando llegué, para pedir la vez, pregunté que quién era el último, y ordenadamente me coloqué en fila detrás de la última persona que formaba parte de la cola. Después de mí, llegó una señora que vestía una llamativa chaqueta tres cuartos de un vivo color rojo. Llevaba una preciosa melena negra y un maquillaje impecable. A pesar de su corta estatura, no se cortó ni un pelo en pedirnos la vez y decirnos que le guardáramos el turno porque iba a ver algo, pero que volvía pronto.

Mi acompañante me dijo: Veremos a ver, porque este tipo de personas siempre le crea problemas a los demás. Parece que no conoce el refrán: el que se fue de Sevilla, perdió su silla. Como nos atiendan antes de que vuelva se acabará peleando con cualquier inocente.

Poco a poco se fue acumulando mucha gente detrás de nosotros. No sé por qué había gente que quería adelantarse en la cola. Y lo que ocurrió me parece muy curioso. Como habían muchos españoles en la cola, cuando alguien intentaba colarse, todos ellos gritaban a la vez: "¡Oiga, que hay una cola!"

Sin embargo, algunas clientas no renunciaban a adelantar su turno. Así que intentaban acortar el tiempo de espera de una manera u otra. A veces, lo intentaban diciendo: "Sólo una pregunta fácil, es que..." O a veces, fingían que no se daban cuenta de que había una cola. Aunque veía repetirse estas situaciones, yo ya no me enfadaba para nada. Pensé que como aquí no estaba en mi país, era normal encontrarme algo distinto. Sí, estaba bastante tranquila, de verdad. Más bien, debo reconocer que disfruté mucho observando a otra gente.

De pronto, toda la gente, o sea, todos los españoles que hacían la misma cola se enfadaron muchísimo. Empezaron a quejarse a los dependientes, primero elevaron la voz, y al final derivó en un alboroto. Por supuesto que mi acompañante no se quedó atrás, también protestaba. La razón era bien simple, la señora de la chaqueta roja no volvió a la cola. Aunque apareció por allí saludando con dos besos a uno de los dependientes. Éste para atenderla la invitó inmediatamente a sentarse a su mesa, todo pasaba a la vista de todo el mundo. Estaba colándose por delante de unas veinte personas, sin contar el número de clientes que ya se habían marchado renunciando a la previsible espera. Cuando la gente de la cola se dio cuenta de lo que pasaba, subieron los decibelios y otras personas que estaban en el establecimiento giraron sus cabezas hacia donde estábamos.

Esa situación me parecía un caos muy divertido para mí. Es que los españoles estaban enfadados por una situación provocada por sus propias costumbres. ¡Qué divertido! En tal situación, yo era la única persona que guardaba la calma y estaba sonriendo. Sí, me hacía animarme mucho. Es normal enfadarme con algo de España porque los españoles también se enfadan con los dependientes de su propio país. Por fin, hallé una manera de animarme. Observando esto, que enfada hasta a los españoles, me hizo reír.


El almuerzo de hoy 15 de mayo de 2010:
Arroz en blanco con UMEBOSHI.
Carne de cerdo a la plancha de jengibre y salsa de soja con lechuga, tomate y brécol.
Tortilla a la japonesa.
Elaborado entre fogones por Macarena.

viernes, 14 de mayo de 2010

¿Qué quiere que yo diga?

Aunque desde el principio hubiera hablado perfectamente español, tampoco entonces habría tenido ni idea de qué contestar a las preguntas de las siguientes tres situaciones.

En primer lugar, fui a una clase que estaba llena de españoles, a excepción de mí, que era la única persona extranjera. El profesor de la clase me dijo en voz alta delante de todo el mundo: "Oye, ayer, vino un coreano." Bueno, ¿qué quería que le dijera yo? No pude contestarle nada. Ni siquiera sólo un: "¿Ah, sí?" Es que aunque yo soy japonesa, no soy coreana. Creo que no tengo nada que ver con un coreano. ¿No os parece? Decidme, si alguien os dijera que ayer vio a un italiano, ¿vosotros qué le contestaríais?

En segundo lugar, pasé unas horas con unos conocidos españoles. Aunque no éramos amigos, ellos me conocían, o sea, reconocían que yo era japonesa. Mientras estábamos hablando sobre la comida de cada uno de nuestros países, de repente uno de ellos me preguntó: "¿Y esta comida también se come en Hong Kong?" Bueno, no tenía ni idea de lo que se come en Hong Kong. Es que soy japonesa, yo sé lo que se suele comer en Japón. Imagino que sé tanto sobre Hong Kong como ellos, o quizás, un poquito menos. En realidad, parecía que ellos estaban confundidos relacionando Japón con Hong Kong. Yo nunca pensaba que hubiera gente que mezclara Japón y Hong Kong. Así que tuve que tragarme mi pensamiento orgulloso de que mi país era mundialmente conocido por todos.

En tercer lugar, por lo menos, hasta hoy, me he encontrado con tres personas que me comentaron lo mismo. En cuanto sabían que yo era japonesa, me decían con un gesto alegre y con simpatía: "Yo sé que Japón está cerca de Australia, ¿verdad?" O bien: "Japón es vecino de Australia, ¿no?" Bueno, bueno... Si consideras que ocho horas en avión es estar cerca, creo que Japón y Australia son vecinos, aunque para mí no están nada cerca.

Además, no tiene nada que ver con la distancia que hay entre España y Marruecos. No es comparable la distancia que hay entre los continentes en ninguno de ambos casos. Entonces, me imaginé que ellos exageraban, o sea, que quizás fuera una broma. Pero si lo dijeran creyéndolo de verdad, tres personas serían demasiada casualidad. Lo que pasa es que no podía contestarles nada, porque no había manera de saber si ellos lo decían como una broma o en serio y además no quería herir la sensibilidad de nadie.

Ahora tengo una idea de por qué esas tres personas me dijeron lo mismo. Creo que eso sería debido a la proyección de "Mercator". Es decir, el mapa mundial que normalmente sitúa el país propio en el centro del mapa. En mi caso, estoy acostumbrada a usar el mapa en el que Japón está emplazado en el centro. Creo que en el caso de los españoles, utilizan el mapa en el que España está en la parte central, mientras Japón está en el borde a la derecha y justo abajo se coloca Australia.

Así que quizás sea por esa proyección de "Mercator" que los dos países parezcan estar entre sí mucho más cerca de lo que realmente están. Así que ahora pienso que ellos no lo decían como una broma, sino que lo dijeron en serio. ¿Entonces, cómo hubiera podido contestarles? ¿Hubiera sido mejor corregirles su equivocación? ¿O bien, hubiera debido respaldar su afirmación? A lo mejor, en realidad, Japón y Australia están cerca para ellos, por lo menos, así les podría parecer si miraran el mapa "Mercator".

Tengo claro que no soy improvisadora, ni me gusta cocinar, pero a veces la cocina es más fácil que prever estas cosas. Ahora, no sé por qué, me han entrado muchas ganas de comer caracoles.



El almuerzo de hoy 14 de mayo de 2010:
Aperitivos de queso curado de oveja y plátano al natural.
Espaguetis a la salsa de tomate con pimientos verde y rojo, apio, ajo y cebolla.
Ensalada de lechuga, atún y pasas.
Elaborado entre fogones por Macarena.

jueves, 13 de mayo de 2010

Un reportaje sobre los caracoles

El otro día, comí caracoles por segunda vez en esta estación. En esta ocasión, los comí en mi casa. Pero no es que yo los cocinara por mi cuenta, ya sabéis que no me gusta cocinar. Casualmente, los recibí cocinados y listos para tomar. Como tenía muchas ganas y estaba en mi casa, los probé con gran placer. Era una comida para saborearla. Y además quería probar varias maneras de comerlos para conseguir la mejor fórmula.

En primer lugar, probé a comerlos utilizando un cubierto especial para salvar el cuerpo del caracol. El cubierto es tal como se muestra en la foto de abajo. El cubierto es como un tenedor, pero sólo tiene dos dientes. Creo que se llama horquilla. Es un cubierto que se usa para hacer la fondue. Tiene más fuerza que el mondadientes y menos anchura que el tenedor. Su uso daba mejor resultado que los otros dos utensilios, o sea, aunque no tenía éxito al cien por cien, tenía muchos menos fracasos que con los otros dos. Además el tiempo para comerlos se acortaba mucho.

En segundo lugar, como todavía tenía fracasos con ese cubierto para la fondue, incluso probé a masticar el caparazón para salvar el cuerpo. Era muy fácil masticar el caparazón, sin embargo, es que era muy desagradable la sensación dentro de la boca. En conclusión, no se lo recomiendo a nadie. Además, era muy difícil separar el cuerpo comible del caparazón desechable. Sería mejor abandonar comer el cuerpo hundido que masticar el caparazón.

En tercer lugar, probé a chupar hasta el límite, o sea, desvergonzadamente, por supuesto que para salvar el cuerpo escondido. No podía evitar hacer un ruido de mal gusto. Además, era un trabajo ingrato, es decir, no podía salvar el cuerpo ni con mi aspiración. Así que sería mejor renunciar a comer el resto del cuerpo que hacer un ruido tan vulgar.

Hasta aquí, he pensado que voy a llevar conmigo este cubierto cuando vaya al bar para comer los caracoles. Y lo más importante es tener la valentía de abandonar algunos cuerpos. No debemos chuparlos con mucha pena por el resto del cuerpo. Tampoco sería mejor devorar el caparazón. No olvidéis tener en mente aquello de "a enemigo que huye, puente de plata."

Este es un reportaje mío y me alegraría que os sirviera de algo.




El almuerzo de hoy 13 de mayo de 2010:
Arroz frito con repollo, cebolla y huevos.
Salteado de zanahoria y pimiento verde con un toque de sésamo.
Ensalada de lechuga, hígado y tomate.
Plátano al natural espolvoreado con canela.
Elaborado entre fogones por Macarena.
Las dos últimas fotos son de la cena del 11 de mayo de 2010.
Caracoles y un cubierto especial que utilicé para el reportaje.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Una gramática muy importante

Hasta el año pasado fui a varias academias de español para aprender y mejorar mi español. Por supuesto que no ha sido nada fácil aprender español, sobre todo, para mí. Además, todavía no puedo dejar de aprenderlo. Probablemente, será mi trabajo de toda la vida.

Aunque aprender la gramática española me costaba mucho trabajo, había algunas cosas que fueron muy complicadas de comprender para mí. Pero esas cosas me ayudaron mucho a conocer mejor a los españoles. Aunque iba a la academia para aprender español, también me enseñaban las costumbres españolas.

Una profesora de la academia donde aprendí por primera vez nos preguntó que cuál opción sería la más correcta en el caso de que alguien nos invitara a su casa en España.

La primera opción era ir a su casa diez minutos antes de la hora de la cita.
La segunda opción era ir a su casa justo a la hora de la cita.
La tercera opción era ir a su casa diez minutos después de la hora de la cita.

Había muchos alumnos de muchos países. Y cada respuesta fue diferente. Y recuerdo que yo pensaba que lo correcto era ir justo a la hora de la cita.

Según mi profesora, lo correcto era llegar allí diez minutos después de la hora fijada. Bueno, eso era comprensible, es que no era un asunto de correcto o incorrecto, sino, más bien, un gesto de cortesía. La verdad es que si yo invitara a alguien a mi casa y esa persona llegara antes de la hora de la cita, sería posible que todavía no hubiera terminado la preparación. Creo que sería aplicable la misma razón sobre llegar a la hora justa. Ella nos dijo que en España nunca debíamos llegar a su casa antes de la hora de la cita. Entendido.

Una profesora de otra academia de español nos enseñó que si tuviéramos una cita con alguien a las seis, en el caso del norte de España, "a las seis" era a las seis, sin embargo, en el caso del sur de España, "a las seis" no era a las seis, sino a las seis y cuarto, y a veces a las seis y media. Recuerdo que esto me confundía mucho, es que parece que hay una diferencia horaria dentro de España si miras el mapa verticalmente. Dicho sea de paso, la profesora era del norte de España. Entendido, pero tengo algunas dudas.

Un profesor de otra academia de español nos enseñó una cosa muy importante tanto gramaticalmente como para no malentender a los españoles. Ese día aprendimos el funcionamiento del verbo en futuro. Desde mi punto de vista, la conjugación del verbo en futuro es bastante fácil comparándola con la de otros tiempos verbales. Aunque había cinco funciones del verbo en futuro, recuerdo fuertemente una de las cinco.

Cuando los españoles utilizan el verbo en futuro, no debemos tomar lo que dicen en serio. Es decir, no es que digan una mentira, sino que los españoles aún no saben si lo que han dicho es seguro o no. Por ejemplo, en 2012 tengo una reunión y yo digo: "Voy a ir allí." Se utiliza el presente y significa que es seguro que voy a una reunión. Pero si digo: "Pero no sé cuántos días estaré allí." Se utiliza el futuro y significa que no es seguro el número de días de la estancia. Es decir, el futuro tiene la marca de dudas, o sea, no lo sabemos con total seguridad.

Según aquel profesor, hay muchas ocasiones en las conversaciones por teléfono en las que se utiliza el futuro. Por ejemplo, yo llamo a mi amiga, pero ella no está en casa. así que le pregunto a su madre que cuándo está. Y su madre me contesta: "Mañana estará en casa a la hora de comer." Así que al día siguiente yo llamo otra vez, pero esta vez tampoco está. Pero en ese caso, yo no debo enfadarme con su madre. Es que ella utiliza el futuro, o sea, no se ha comprometido a nada. Aunque ella dice "mañana", el verbo en futuro no tiene ninguna relación con el futuro.

Cuando lo aprendí, me sentía como si se descifrara el enigma. Es que tuve muchas experiencias en las que no recibía ninguna llamada aunque mis amigos me dijeran: "Mañana te llamaré." Durante mucho tiempo, estuve furiosa y triste porque no me llamaban, además, pensaba que los españoles no eran fiables. Sin embargo, todo era por falta de entendimiento del uso del verbo en futuro. Realmente, ellos no me prometían nada.

Cuando lo supe salí de mi equivocación y de eso sólo hace un año. Después de aprenderlo, empezaba a poner mucha más atención en los tiempos verbales que los españoles utilizaban. Si ellos utilizan el futuro, no debo esperar que sea seguro nada de lo que dicen. Y me he dado cuenta de que se utiliza mucho el verbo en futuro. Mis dudas durante tres años desaparecieron en un instante. Y después, llegué a vivir en España más cómodamente. Encima, incluso llego a utilizar el verbo en futuro yo misma.

El verbo en futuro es la parte de la gramática española más interesante y útil para mí.



El almuerzo de hoy 12 de mayo de 2010:
Nidos de pasta de espinacas con nata y queso parmesano.
Un plato combinado de carne de cerdo a la plancha, patatas aliñadas con SURIMI, atún y manzana al natural.
Ensaladilla de pepino, jamón cocido, brécol y tomate.
Elaborado entre fogones por Macarena.